¿Cómo escoger la mejor comida para su perrito? Un acto de amor y conciencia, según el activista Deiby Martínez Cortés

Por Deiby Martínez Cortés, fundador – Protección Canina Mundial
Escoger el alimento para nuestro perro no debería ser una tarea rutinaria ni una decisión de supermercado. Debería ser un acto de amor informado, una promesa silenciosa de cuidado, un gesto ético. Porque quien ama, nutre. Y quien nutre con conciencia, salva una vida.
Los perros no pueden leer etiquetas. No pueden levantar la patita para señalar un ingrediente dañino. No pueden decirnos que esa croqueta les causa dolor de estómago, alergias o tristeza. Pero sí pueden enfermar en silencio, sí pueden apagarse lentamente, sí pueden vivir menos… porque nosotros no supimos elegir.
Hoy más que nunca, en un mundo que ha convertido lo natural en lujo y lo tóxico en norma, alimentar bien a un perro es una forma de resistencia. Una forma de decir: “yo no acepto lo mediocre para el que me ama sin condiciones”.
Y es que la industria de alimentos para mascotas —que mueve cifras millonarias— aún tiene una deuda con la transparencia. En Colombia, muchas marcas de comida para perros no revelan la procedencia real de sus ingredientes, ni explican cómo garantizan la inocuidad y el valor nutricional de lo que venden. Algunas ocultan información detrás de tecnicismos o, peor aún, se niegan a responder los derechos de petición de quienes preguntan con razón.
Entonces, ¿cómo elegir bien?
Primero, olvide la publicidad. No compre porque una marca dice que es “premium”. Lea con ojos de madre, con lupa de protector, con criterio.
1. El primer ingrediente es clave: Debe ser una proteína animal específica y de alta calidad. Si dice “harina de carne y hueso” sin más detalles, es una alarma. Busque claridad: “carne de cordero”, “pollo deshidratado”, “salmón”.
2. Evite lo genérico: “Subproductos animales”, “derivados cárnicos” o “harinas múltiples” esconden ingredientes de pésima calidad. Merecen desconfianza.
3. Menos relleno, más nutrición: Algunos alimentos están llenos de harinas vegetales, maíz o soya, que aportan poco al perro carnívoro. El exceso de carbohidratos afecta su salud y puede derivar en obesidad, alergias y enfermedades crónicas.
4. Busque trazabilidad y respaldo técnico: Las marcas que valen la pena responden, publican estudios, muestran sus plantas de producción y permiten auditorías. No temen la verdad.
5. Confíe en los signos de su perrito: Él habla con su cuerpo. Un pelaje opaco, heces malolientes, gases, apatía o rascado constante pueden ser señales de que algo anda mal en su comida.
Como activista, he vivido de cerca el sufrimiento silencioso de muchos perritos mal alimentados. Algunos llegan a los refugios con los órganos colapsados por años de alimentos de mala calidad. Y lo más doloroso es que sus familias, aunque los amaban, nunca supieron qué les estaban dando realmente.
Por eso hoy les pido algo más que leer esta columna: les pido sentirla. Porque un perro bien alimentado no solo vive más años. Vive con más alegría. Y eso, en el fondo, también es una manera de agradecer.
Cierre amoroso al estilo de Benedetti:
Porque ellos —los perritos— no nos piden mucho. Solo un poquito de comida, una caricia sincera, una cobija donde dormir, una mirada que diga: “eres mi familia”. Ellos no reclaman pasado ni cuestionan errores. Aman desde donde duele y esperan desde donde ya nadie esperaría.
Entonces sí, elegir su comida es un acto político, poético y profundo. No es solo comprar un bulto. Es decirle al mundo: “yo cuido lo que me cuida, yo protejo lo que me ama sin medida”.
A veces me pregunto quién protege más a quién. Y cada vez estoy más seguro de que ellos, los de cuatro patas, nos salvan a nosotros.
Ojalá podamos estar a su altura.






